Primera parte
“…VINO LA PALABRA DEL SEÑOR A ABRAM EN VISIÓN, DICIENDO: NO TEMAS…” (Génesis 15:1)
Dios le pidió a Abraham que hiciera algo muy difícil: “…Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti una nación grande, te bendeciré, engrandeceré tu nombre y serás bendición. Se fue Abram, como el Señor le dijo…” (Génesis 12:1-4). Si te da temor cambiar de trabajo, de casa o de lugar, afírmate en esta porción bíblica, porque como hijo redimido de Dios tienes derecho a la bendición de Abraham. Todos los temores responden a dos preguntas fundamentales: Primera: ‘Señor, ¿me vas a proteger?’ Segunda: ‘Señor, ¿vas a proveer para mis necesidades?’ Con Abraham, Dios respondió a las dos. “No temas… yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande” (Génesis 15:1).
Las palabras “recompensa grande” se pueden interpretar como “Yo soy tu provisión constante e inagotable” ¡Maravilloso! No tienes que buscar a nadie más para que te proteja o te supla lo que necesitas; ¡Dios se va a ocupar de ti! Fíjate lo que sucedió a continuación: Dios entró en pacto con Abraham (Génesis 15:18), diciéndole: “A tu descendencia daré esta tierra…” Pero luego surgió un problema: “Y descendían aves de rapiña sobre [el sacrificio], pero Abram las ahuyentaba.” (v.11). Hay una enseñanza en esto. Aunque Dios haya prometido ocuparse de ti, tendrás que ahuyentar los temores que Satanás tiende a colocar en tu mente. ¿Cómo lo haces? Permaneciendo firme en las promesas que Dios te ha dado en su Palabra.
Por Bob y Debbie Gass, con la colaboración de Ruth Gass Halliday
"Por amor de Sion no callaré y por amor de Jerusalén no descansaré... hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la Tierra..." (Isaías 62:1,7)
Segunda parte
“…VINO LA PALABRA DEL SEÑOR A ABRAM EN VISIÓN, DICIENDO: NO TEMAS…” (Génesis 15:1)
Según estudios realizados, alrededor del cuarenta por ciento de las cosas por las que nos preocupamos nunca suceden. Otro treinta por ciento, son asuntos pasados por los que nada se puede hacer. Doce por ciento tienen que ver con otras personas y no nos incumben. Diez por ciento son preocupaciones de salud, reales o imaginarias. Eso significa que sólo un ocho por ciento de las cosas por las que nos preocupamos podrían suceder. Unos científicos de la Universidad de Yale han identificado el “gen de la preocupación”. Pero insisten que aunque lo hayas heredado, sí puedes curarte del mismo. Alguien dijo que “la preocupación no es más que el interés que se paga por los problemas antes de su fecha de vencimiento.” Y en la mayoría de los casos, ni siquiera llega esa fecha. Piénsalo bien, cuando te preocupas, hay un noventa y dos por ciento de posibilidades de que estés pagando interés en una deuda que no te pertenece. ¿No te parece absurdo?
Ilustrémoslo con un ejemplo: el miedo a volar. Tendrías que tomar un vuelo todos los días durante diecinueve mil años para tener una gran probabilidad de un accidente aéreo. Y sin embargo, el miedo a volar ocupa el sexto lugar entre las causas del temor a la muerte. Alguien apuntó que en la Biblia se encuentran trescientas sesenta y cinco exhortaciones a “no temer”: una para cada día del año. Cuando te preocupas, dudas de Dios y le das entrada a tu vida al enemigo. ¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo? ¿Cuándo lo vas a parar? Sabiendo que Abraham tenía que dejar su zona de comodidad y su seguridad, Dios le dijo: “No temas, Abram, yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande” (Génesis 15:1). Y hoy te está diciendo a ti lo mismo.
Por Bob y Debbie Gass, con la colaboración de Ruth Gass Halliday
"Por amor de Sion no callaré y por amor de Jerusalén no descansaré... hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la Tierra..." (Isaías 62:1,7)