Nochevieja Empieza bien el Año Nuevo
“...SE PERDONEN SI ALGUNO TIENE QUEJA CONTRA OTRO...” (Colosenses 3:13 NVI)
Para empezar el Año Nuevo con buen pie, tienes que dejar los viejos rencores que te están abrumando. Philip Yancey describe el perdón como un acto antinatural y dice: “…Los delfines no perdonan a los tiburones por haberse comido a sus compañeros de juego. El mundo animal no es compasivo, sino despiadado.” La amargura es la consecuencia natural de sentirse herido, mientras que el perdón es sobrenatural y necesita la gracia de Dios para ponerlo en práctica. Recordemos las palabras de Jesús: “...Si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:15). Desde el punto de vista humano, no hay ninguna razón por la que Dios tenga que perdonar nuestros pecados, y sin embargo las ofensas que Él te perdona a diario sobrepasan con creces cualquier cosa que tú tengas que perdonar a alguien.
Al perdonar, cambias toda la dinámica y abres la puerta de una cárcel en la que tú eres a la vez el prisionero y el carcelero, liberándote a ti mismo y a la otra persona. Lo único que hacen los rencores es alejarte de los que fueron tus amigos, te acortan la vida, al producir unas enzimas dañinas que causan una serie de problemas de salud.
Un hombre le dijo a su consejero: ‘¡Cuánto me gustaría que mi hermano viniera a mi boda, pero no nos hemos hablado durante años! El consejero le preguntó: ‘¿Cuál es el motivo?’ El hombre reflexionó un momento y dijo: ‘Le puede parecer ridículo, pero la verdad es que no me acuerdo.’ Alejarse de alguien es la reacción normal de un espíritu que no quiere perdonar; pero el perdón da un giro a la situación, con la restauración y sanidad de las relaciones rotas. Se ha comprobado médicamente que el perdón alarga la vida. Como regla general, si hablas con personas que han pasado los ochenta años, muchas de ellas están en paz consigo mismas –porque han aprendido a perdonar y a olvidar.
Por Bob y Debbie Gass, con la colaboración de Ruth Gass Halliday
"Por amor de Sion no callaré y por amor de Jerusalén no descansaré... hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la Tierra..." (Isaías 62:1,7)
Pon tu fe en acción. Cuarta parte
“...TU FE TE HA SANADO” (Lucas 17:19 NVI)
Meditemos de nuevo sobre los diez leprosos que sanó Jesús. En la última etapa de la enfermedad de la lepra, la carne se caía de los cuerpos, literalmente. Notemos que Jesús no les impone manos ni ora por ellos. Ni siquiera les habló de la lepra. Lo que hizo fue ordenarles que fueran y se presentaran al sacerdote. ¡Qué extraño! A algunos hasta nos parecerá ridículo. Pero antes de que Dios haga el milagro, a veces te pedirá que “hagas el ridículo”. En efecto, cuando te pida hacer algo, tal vez parezca que eso no tiene ninguna relación con lo que has estado orando. Cuando ocurra, tendrás que decidirte: o dudar de Él o bien obedecerlo. En lugar de debatir el asunto continuamente, ¡haz lo que te pide! A veces Dios te dará una “palabra”, y aunque parezca que la misma no está dando resultado, en realidad sí que está surtiendo efecto.
La fe que responde a Dios no necesita explicaciones. “...Y aconteció que, mientras iban, quedaron limpios” (Lucas 17:14). Destaquemos las palabras “mientras iban”. La Biblia dice: “Por el Señor son ordenados los pasos del hombre y Él aprueba su camino” (Salmo 37:23). Cuando Dios te diga algo, ponte en acción. Imagínate lo siguiente: mientras los leprosos caminaban los dedos de los pies les crecían. Mientras iban en obediencia a su Palabra, los muñones crecían y les salían los dedos de las manos. No te detengas, sigue caminando, porque “...el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Levántate y declara en fe: ‘Me recuperaré.’
Por Bob y Debbie Gass, con la colaboración de Ruth Gass Halliday
"Por amor de Sion no callaré y por amor de Jerusalén no descansaré... hasta que restablezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la Tierra..." (Isaías 62:1,7)
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