La economía de Dios para los tiempos difíciles Segunda parte
"…NO OS ANGUSTIÉIS POR EL DÍA DE MAÑANA…" (Mateo 6:34)
A menos que seas uno de los que vivió la Gran Depresión, la situación económica actual no tiene precedente: el colapso de los bancos y las ayudas gubernamentales para rescatarlos, el embargo de los inmuebles, el desempleo, etc.… Puedes ver el miedo en el rostro de la gente y palparlo en sus palabras. ¿Adónde acudimos? ¿A los políticos, los economistas, a nuestros propios recursos? Ninguna institución humana es capaz de ofrecernos respuestas. Por lo tanto, ¡conoce la fuente de tus recursos! La Biblia ya predijo que los reinos y las entidades del mundo serían zarandeados "…para que queden las [cosas] inconmovibles" (Hebreos 12:27). Pero mientras que las burocracias, las empresas y los bancos han sido sacudidos hasta el fondo, nuestro Rey y Su Reino siguen siendo las rocas sólidas.
La Biblia dice que "…poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra" (2 Corintios 9:8). Fíjate cuántas veces la abundancia absoluta de esta promesa, se refleja en palabras como "todo", "todas", "toda". ¿Qué más se puede pedir? Tu familia, tu salud, todo lo espiritual, todo lo material, tu seguridad presente y futura están garantizadas en las cláusulas de "la póliza de seguros" emitida por el Reino inamovible de Dios. Tu fuente de ingresos no es la economía del hombre. Ésta no es más que un conducto que el Rey decide usar, o no usar, para suplir tus necesidades como ciudadano de Su Reino. Tranquilízate, sabiendo que Dios, tu fuente inagotable "suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:9).
Por Bob y Debbie Gass,
con la colaboración de Ruth Gass Halliday
La economía de Dios para los tiempos difíciles Tercera parte
"…NO OS ANGUSTIÉIS POR EL DÍA DE MAÑANA…" (Mateo 6:34)
El temor hace que reaccionemos de forma irracional y que nos equivoquemos. Abandonamos los principios de la Escritura y acaparamos todo lo que podemos, reteniéndolo, por si acaso empeoran las cosas. No sucumbas ante el temor prevaleciente en la cultura en que vivimos, cada vez más materialista y atea. Por el contrario, sigue los principios de la economía de Dios en todo tiempo. Cuando los israelitas seguían las normas divinas, sus cosechas eran muy abundantes. Pero cuando acaparaban y retenían lo que Dios había provisto, éste les dijo: "Malditos sois con maldición…, la nación toda…" (Malaquías 3:9). La clave de su escasez o de su abundancia, estaba en su actitud y sus actos respecto a la economía de Dios. Sus principios demandaban: "Traed todos los diezmos al alfolí…" (Malaquías 3:10); el diezmo de todo, no de una parte. Si hubieran cumplido con "Honra al Señor… con las primicias de todos tus frutos", entonces sus graneros habrían sido colmados con abundancia y sus lagares habrían rebosado de mosto (Ver Proverbios 3:9-10).
Jesús enseñó "Dad y se os dará… porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir" (Lucas 6:38). Eres tú mismo, y no la economía, quien determina la abundancia de tu cosecha, de acuerdo a la semilla que siembras. La Biblia dice: "El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará" (2 Corintios 9:6). La forma en que opera la economía de Dios es que los que "…retienen más de lo justo… acaban en la miseria", sin embargo "quienes reparten les es añadido más…". Dios promete que "…el alma generosa será prosperada, el que sacie a otros, también él será saciado" (Proverbios 11:24-25). ¡Pruébalo! Los principios de Dios funcionan en cualquier coyuntura económica.
Por Bob y Debbie Gass,
con la colaboración de Ruth Gass Halliday