1. Como llenarse del Espíritu de Dios — tercera parte
Jesús dijo “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”1
Ayer hablamos sobre varios de los pasos que necesitamos tomar para estar llenos del Espíritu Santo. Deseo, fe, compromiso, confesión de los pecados, ser abiertos y honestidad personal. Hoy queremos hablar de cuatro pasos más.
En sexto lugar, eliminar las barreras. Otra barrera que bloquea el Espíritu de Dios puede ser un espíritu que no sabe perdonar, lo que generalmente tiene sus raíces en una relación deteriorada o una experiencia dolorosa del pasado. Para estar llenos del Espíritu Santo es esencial que, en la medida de lo humanamente posible, resolvamos las relaciones en deterioro, soluciones nuestros sentimientos de odio y dolor y perdonemos a aquellos que nos lastimaron. Si no es posible reconciliar la relación (que toma ambas partes), tenemos que hacerle frente a nuestro lado del conflicto, resolver nuestros sentimientos negativos y perdonar a quien nos han lastimado.
Séptimo, obediencia. Otro requisito para estar llenos del Espíritu Santo está en el vivir en armonía y obediencia, a la voluntad de Dios. Como lo dijo Pedro, el Espíritu Santo se concede a aquellos que obedecen a Dios.2
Octavo, pedirle a Dios que le llene con el Espíritu Santo. Jesús dijo, Jesús dijo “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”3
Finalmente permanencia. Como lo dijo Jesús, “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.”4
La parábola de Cristo es un buen ejemplo de cómo tener una vida fructífera. Como nosotros, las ramas, se acoplan a Cristo, la vid, al pasar tiempo con él (aprendiendo lo que enseña su palabra, orando regularmente y viviendo en obediencia al practicando lo que enseña su palabra), así que la vida, el Espíritu Santo, fluye de Cristo a través de nosotros, las ramas. El fruto es el resultado natural.
La buena noticia es que no tenemos que luchar para producir el fruto de Dios. Sin embargo no podemos; y si lo intentamos, el fruto es pequeño y sin uso alguno. Eso es lo que Cristo nos enseño al decir que sin él, no podemos hacer nada. Sólo su espíritu puede producir el fruto.
Al colocar nuestras vidas en una entrega completa a Jesucristo, respetarlo y resolver las barreras entre nosotros, nos llenamos del Espíritu Santo y del fruto del espíritu: amor, alegría, paz, — se producen automáticamente como la uva en una viña saludable. El cuidador de la viña no pone las uvas en la vid. La fruta viene desde dentro.
En conclusión, permítanme añadir que la evidencia de estar llenos del Espíritu de Dios es el fruto del Espíritu, y no los dones del Espíritu como muchos pretenden y, por lo tanto, están confundidos. “Por su fruto los conocerán” dijo Jesús, “no por sus dones.”
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, de nuevo hoy te entrego el control de mi corazón y mi vida. Ayúdame a vivir de acuerdo a los principios encontrados en tu Palabra, y al hacerlo, por favor lléname en abundancia con tu Espíritu Santo para que el fruto del Espíritu sea evidente en mi vida y al ver a Jesús en mí, los demás lo quieran tener en ellos también. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Lucas 11:13, (NIV).
2. Hechos 5:32.
3. Lucas 11:13 (NIV).
4. Juan 15:5.
Ocúpate del hombre interior. Tercera parte
"...EL [HOMBRE] INTERIOR. SE RENUEVA DE DÍA EN DÍA" (2 Corintios 4:16)
Sé agradecido por tu hombre exterior, acéptalo como es, disfruta de sus ventajas y acepta sus limitaciones, hazle trabajar duro y alégrate cuando progresas. Pero recuerda, se está consumiendo. Tu hombre interior, por el contrario, es capaz de una gloria que no te puedes ni imaginar. "Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como Él es" (1 Juan 3:2-3). Haz tu mayor inversión en lo que dura para siempre.
Tenemos básculas y espejos y metros para hacer un seguimiento de los cambios de nuestra parte exterior. ¿Pero cómo comprobamos el estado de ese ser interno nuestro que va a perdurar? Seguro que varía en cada persona, pero existen también espejos, básculas y metros que nos ayudarán a empezar ese proceso de medición: 1) el examen de conciencia y la confesión; 2) esos amigos que te aman lo suficiente para decirte la verdad; 3) pasar tiempo a solas escuchando a Dios; 4) pasar tiempo en las Escrituras, renovando tu mente; 5) el examen detallado de tu calendario y de tus finanzas; 6) preguntas tales como: '¿Me desanimo con facilidad últimamente?' 'Si me comparo con hace seis meses, ¿me irrito más a menudo?'; 7) prestar atención a tus pensamientos. ¿En qué cosas se complace tu mente? ¿Te están robando la energía y el gozo cosas como la envidia, el culpar a los demás, el juicio o la lujuria? Venga, tómate las cosas en serio y ¡ocúpate del hombre interior!
Debbie Gass,?con la colaboración de Ruth Gass Halliday?
"Por amor de Sion no callaré y por amor?de Jerusalén no?descansaré... hasta que?restablezca a Jerusalén y la ponga por?alabanza en la Tierra..."? (Isaías 62:1,7)
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