Una salvación tan grande!
¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual,
habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los
que oyeron. Hebreos 2:3
Todavia recuerdo una de las primeras semanas que
prediqué en la iglesia que pastoreé cuando
aún era aspirante al ministerio. El mensaje estaba basado en la historia de
Gedeón y los trescientos. El punto central era mostrar lo difícil que es la
salvación. Explicaba que, de los 32,000 que fueron llamados por Gedeón, solo
3,000 pasaron la prueba. Luego, usando una operación matemática, probaba que, de
400 miembros que tenía mi iglesia, solo tres estaban preparados.
Al día
siguiente salí a visitar a algunos miembros. Al llegar a uno de los hogares,
encontré a toda la familia desanimada. Me
dijeron que, después de mi sermón, les parecía que la salvación no es nada fácil
y que otros estaban más seguros que ellos. Al recordar aquello comprendo ahora
lo equivocado que estaba en mi concepto de la salvación.
Nuestro texto dice
que tenemos una salvación extraordinariamente grande. Jamás será comprendida por
nuestra mente finita, cuya existencia es breve. Los redimidos tendrán como tema
de estudio la inagotable ciencia de la salvación. Los siglos sin fin serán
insuficientes para alcanzar sus profundidades. Cada día escucho y leo cosas
maravillosas acerca de la gracia salvadora que me llenan de asombro.
En la
República Checa escuché a un predicador decir que la gracia salvadora de Dios no
solo pagó la enorme deuda que por nuestros pecados teníamos con Dios, sino que,
además, nos dejo saldo suficiente a favor para que nunca más nos volviéramos a
endeudar*.
Lo más extraordinario del amor de Dios es que nunca cesa. Nos ama
hoy lo mismo que nos amó ayer, y su amor por nosotros no cambiará mañana, cuando
sentimos que hemos fallado, Dios corre y se coloca trente a nosotros con el
mensaje de esperanza a nuestro favor. Y la esperanza no avergüenza: porque el
amor de Cristo ha sido derramado en nuestros corazones por el Espinru Santo que
nos fue dado« (Rom. 5: 5). La salvación no tiene nada que ver con nuestro
comportamiento; lo tiene que ver todo con la gracia de Dios.
Jesús exclamó
desde la cruz -Consumado es-. No hay nada que podamos hacer para ganar mayor
salvación, mayor perdón. Cuando Cristo expió nuestros pecados, borró la cuenta.
Le puso el sello de CANCELADO y abonó en su libro de contabilidad todos los
beneficios derivados de ser él quien es. El amor de Dios no es consecuencia de
lo bien o mal que yo me porte. Esa circunstancia precisamente me quita el deseo
de pecar. Lo que quiero es obedecerlo, alabarlo y compartir con otros su gran
salvación.
Que Dios te bendiga,