Rico para con Dios
"...RICO PARA CON DIOS." (Lucas 12:21)
Estamos llamados a ofrecer a Dios nuestros actos de servicio, pero el regalo que Él más anhela es nosotros mismos. Piensa en la última conversación que Jesús tuvo con su amigo Pedro. Éste era tan típicamente humano: siguió a Jesús, aprendió de él, lo sirvió, dudó de Él, lo malentendió, lo adoró y lo negó. Pero con todo eso, la última pregunta que Jesús hace a su amigo tiene que ver con su relación: "Pedro, ¿me amas?". Tres veces le preguntó lo mismo. Decía San Agustín que toda la ética se podía resumir en la máxima: "Ama a Dios y haz lo que quieras", porque cuando amas a Dios, vas a querer hacer lo que a Dios le agrada. Aunque seas una persona con defectos como el salmista, puedes decir: "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado..." (Salmo 40
.
Dios nos creó para estar en medio de nosotros. En el Edén, bajaba y caminaba con el hombre y la mujer que había creado, le encantaba estar con ellos. Luego formó la nación de Israel y dijo: "Andaré entre vosotros: seré vuestro Dios..." (Levítico 26:12). Los cielos anunciaron el nacimiento de Jesús: "...Le pondrás por nombre Emanuel, que significa: «Dios con nosotros»" (Mateo 1:23). Es como si Dios dijera cada mañana: `Me gustaría pasar este día contigo.´ Escribe alguien: "No puedo obligarme a amar a Dios pero puedo esforzarme por conocerlo mejor. Y porque Dios es amor, cuanto más lo conozco, más crecerá mi amor por Él. El amor es una consecuencia del conocimiento. Así pues, puedo pasar este día amando a Dios. Y mañana trataré de amarle un poquito más." Eso es lo que significa "ser rico para con Dios".
Sin sentido
“No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención. Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”1
“En su emisión de radio Steve Brown explicó que cuando un grupo de caballos purasangre se enfrentan al ataque de un enemigo externo, ellos forman un círculo mirándose el uno al otro y con sus patas traseras atacan al enemigo. Los burros, por otra parte, hacen todo lo contrario. Ellos forman un círculo, y se ponen cara a cara con el enemigo y usan sus patas traseras para patearse mutuamente. Con que frecuencia la iglesia [o familias] hacen lo mismo — ignoran al enemigo verdadero mientras atacar a sus compañeros feligreses.”2
Un viejo cliché, que vale la pena repetir, dice, "la Iglesia es el único ejército que dispara a sus heridos". Esto puede ser especialmente aplicable a algunas personas divorciadas en algunos círculos de las iglesias, incluso cuando el divorciado no tenía absolutamente ninguna opción en la materia. Algunas iglesias han luchado y se han dividido solo por su decisión en la música. Algunas denominaciones han dividido en cuestiones doctrinales insignificantes. He visto como las peleas y las críticas destruyeron una iglesia que yo conocía, y sé de un pastor que fue "crucificado" a través de chismes iniciados por una persona celosa y sus críticas. ¿La mayoría de los miembros de la Iglesia nunca hubiesen soñado con robarle el transporte a este pastor, ya que lo habrían considerado como un terrible pecado, pero no se detuvieron a pensar para antes de robarle su reputación — y cual hizo el mayor daño?
Además, cuando el nombre de alguna persona sale en una conversación, todo lo que tenemos que decir es, o él/ella en un cierto tono de voz, para sembrar la duda en la mente de algunas personas. Y cuando etiquetamos a las personas en forma negativa, los estamos negando.
¡Cuando hacemos estas cosas, no estamos actuando como el caballo purasangre!
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, libérame del pecado de los chismes, los ataques, los insultos y de los comportamientos que dividen. Ayúdame a ser un cristiano purasangre y a no ser como el otro tipo. Gracias por escuchar y responder a mis oraciones. En el nombre de Jesús, amen.”
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