¿Cuál será su legado?
"HIZO LO RECTO" (2 Reyes 22:2)
Manasés, el abuelo de Josías, fue un rey violento que "... derramó mucha sangre inocente (del pueblo) en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo." (2 Reyes 21:16). Su padre, el Rey Amón, murió a manos de sus propios oficiales. '...e hizo lo malo, ante los ojos del Señor,' dice en su epitafio. Josías tenía solo ocho años de edad cuando ascendió al trono, escogiendo de inmediato hacer lo que era justo y no dejó de hacer lo que estaba bien, durante toda su vida (2 Reyes 22:2). ¿Qué es lo que pretendemos decir? Que no podemos escoger a nuestros padres, pero sí podemos escoger nuestros patrones de vida.
Cuando Josías estaba reconstruyendo el templo, descubrió un rollo que contenía la ley de Dios. Al leerlo se echó a llorar, siendo consciente de que su pueblo se había alejado completamente de Dios. De modo que mandó llamar a una profetisa y le preguntó: "¿Qué va a suceder con nuestro pueblo?" Ella le dijo a Josías, que puesto que él se había arrepentido al oír la Palabra de Dios, su nación se salvaría (ver 2 Crónicas 34:14-27). ¡Qué maravilla! Toda una generación obtuvo gracia, debido a la integridad de un solo hombre.
Por lo tanto, puedes olvidarte de tu pasado y ser diferente. Puede ser que tus padres te transmitiesen su ADN, pero Dios puede darte un nuevo nacimiento y un comienzo distinto. "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados." (Efesios 5:1). Al igual que Josías, no tienes control sobre la manera en que tus antepasados respondieron a Dios; pero tú sí puedes controlar la manera cómo vas a responderle. Tu pasado no tiene por qué convertirse en tu cárcel; tienes algo que decir en tu vida, puedes decidir tu destino, tienes que decidir el camino que vas a tomar. Escoge correctamente y, algún día, otros - tus generaciones venideras - agradecerán a Dios el legado que dejaste.
Por Bob y Debbie Gass, con la colaboración de Ruth Gass Halliday
"Por amor de Sion no callaré y por amor
de Jerusalén no descansaré... hasta que
restablezca a Jerusalén y la ponga por
alabanza en la Tierra..." (Isaías 62:1,7)
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¿Me está castigando Dios?
“Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, (sus caídas, sus tropiezos, sus ofensas, y sus pecados) y oren (también) unos por otros, para
que sean sanados (en un tono espiritual de mente y corazón). La oración del justo es poderosa y eficaz.1
Un lector de Encuentros Diarios pregunta, “¿Me pueden explicar porque me siento tan miserable, tan culpable, e infeliz por no haber cumplido mi promesa a Dios de que dejaría de fumar? Siento que él me está castigando por haber fracasado y por romper mi promesa.”
¡No, no, no, no, no!
Dios no es así. Él no es un padre castigador como muchos padres en esta tierra – tal vez como lo eran sus padres cuando eran pequeños. Dios es mucho más grande que eso. Somos nosotros los que nos castigamos a nosotros mismos.
El dejar de fumar, o cualquier otra adicción – pequeña o grande – no es muy factible que suceda al prometérselo a alguien más, incluyendo a Dios. La raíz de la adicción es el síntoma de un problema más serio – que también se utiliza como un medio para evitar el problema real. Como lo dice el dicho, los síntomas son el fruto de una profunda raíz. Y como alguien más lo ha dicho, ¡Dios es misericordioso, cuando tenemos problemas sin resolver, el nos da (o nos permite tener) todos los síntomas!
Claro, es importante el no ignorar los síntomas pero Dios desea que sanemos a un nivel más profundo, a un nivel en donde están las raíces de nuestros problemas. Los síntomas necesitan ser una llamada de atención para que busquemos la ayuda que necesitamos.
Así, que primero, usemos la oración correcta. Si están luchando con un adicción o un mal habito, pidan a Dios que les de la sabiduría y el valor de ver la causa que está detrás del habito…porque empezamos con este habito. Tambien, ¿puede ser un escape para no enfrentar los problemas sin resolver que existen en nuestras vidas? Pidan a Dios que los enfrente con la verdad que existe detrás del problema – la raíz – sin importar que tan dolorosa pueda ser.
Segundo, pidan a Dios que los guie hacia la ayuda que necesitan para vencerlo, la cual tal vez pueda ser medica o psicológica – ayuda de un consejero, y que les ayude a encontrar un grupo de apoyo de doce pasos, o un grupo anónimo de apoyo – tome lo que tome para ayudarse a solucionar su problema para que este no los abruma ya mas.
Recuerden, si confiesan sus fallas a Dios y le piden perdón, el los perdonará una y otra vez. Recuerden que Jesús dijo que debemos de perdonar siete veces setenta lo que significa perdonar sin parar. Así es como Dios perdona. Esta no es una excusa para comportarnos como queramos pero es una expresión del amor de Dios cuando queremos genuinamente su ayuda y perdón.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias porque los síntomas son una señal de problemas personales sin resolver. Mi mal habito _______ (nómbrelo), si es el fruto de un problema más profundo, por favor dame la perspicacia para ver la causa, el valor para enfrentarlo y admitirlo frente a ti y por lo menos con una persona de toda mi confianza, y tener el sentido común de obtener la ayuda que necesito para vencerlo. Y por favor guíame hacia la ayuda que necesito para hacerlo. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De corazón, en el nombre de Jesús, amen.”
1. Santiago 5:16 (AMP).
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